PRÓLOGO: Un mal chiste y un truco barato

PRÓLOGO
Un mal chiste y un truco barato

No sé en qué punto exacto uno aprende a reírse de lo que duele.
Tal vez no se aprende: se ensaya.
Una y otra vez. Hasta que sale.

Este libro no nació de una gran idea ni de una revelación luminosa. Nació de errores pequeños, de decisiones mal tomadas, de silencios sostenidos más tiempo del necesario. Nació, como casi todo lo que importa, cuando ya no quedaba mucho que perder.

Le puse Un mal chiste y un truco barato porque así se sienten muchas cosas cuando las miras con suficiente honestidad: la risa que llega tarde, el aplauso que no alcanza, la maniobra improvisada para seguir de pie. Nada épico. Nada heroico. Solo humano.

Aquí no vas a encontrar respuestas claras ni moralejas bien empaquetadas. No es un manual, no es una redención, no es un ajuste de cuentas. Es, a lo mucho, un intento de decir las cosas como se sienten cuando se apaga el ruido y ya no queda a quién impresionar.

Escribo desde un lugar donde el error no se corrige, se arrastra. Donde el truco no siempre engaña, pero a veces salva. Donde el chiste falla… y aun así alguien se ríe, quizá por nervios, quizá por reconocimiento.

Si decides seguir leyendo, no es porque este libro tenga algo que enseñarte, sino porque en algún punto —aunque no sepas exactamente dónde— has estado ahí. En ese borde incómodo donde fingir funciona un rato más, y la verdad espera sentada, paciente.

Este texto no busca gustarte.
Busca acompañarte.

Cada capítulo aparecerá con el tiempo, no porque así lo dicte una estrategia, sino porque hay historias que necesitan distancia para poder decirse sin mentir. Este libro no se entrega de golpe: se construye mientras sucede otra cosa en paralelo. Como la vida. Como la música. Como todo lo que no se puede forzar.

Si llegaste aquí por accidente, quédate un momento.
Si llegaste buscando algo concreto, quizá no lo encuentres.
Y si llegaste porque ya no sabías muy bien qué estabas buscando… entonces este lugar es tan válido como cualquier otro.

No prometo un buen chiste.
Mucho menos un truco elegante.

Solo prometo no esconder lo barato cuando aparezca,
ni fingir que el error fue parte del plan.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio